Elección Ecuador 2009

Rafael Correa arrasa en Madrid

 Más del 69% de los ecuatorianos que votaron en la región lo hicieron por el presidente – Dos representantes de los inmigrantes estarán en la Asamblea Nacional.

(Madrid, Diario El País).- Se llama Dora Aguirre. Es baja, tiene el cabello sobre las orejas, piel blanca, ojos negros y mirada dulce. Tiene 39 años, es soltera y sin hijos. Su historia es la de un inmigrante más: llegó hace 15 años a España en busca de mejores oportunidades. Por las noches trabaja en una residencia de ancianos y de día preside la Fundación Rumiñahui Hispano.

Su cara ha inundado las estaciones del metro. Desde hace varias semanas, en pleno Madrid se ven carteles que invitan a votar por Rafael Correa para presidente y por Dora Aguirre para la Asamblea Nacional.

¿Por qué una campaña política pega carteles en una ciudad de otro país, de otro continente ubicado a más de 8.411 kilómetros de distancia?

La respuesta es breve: en Madrid viven 137.911 ecuatorianos. Ayer las filas que rodeaban el Palacio de Vista Alegre, donde se dieron las votaciones, mostraban ese gran número de inmigrantes.

Desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde miles de ecuatorianos acudieron a votar. En total en Madrid acudieron 15.000, según fuentes del consulado. La cifra supone un 42% de los 36.545 ecuatorianos inscritos en el censo electoral. Casi todos ellos votaron por Rafael Correa.

Más de un 69% de los votantes en Madrid le eligieron, según fuentes del consulado en la capital. Pero ayer los inmigrantes también elegían por primera vez a dos candidatos para que les representaran en la Asamblea Nacional.

Dora es una de las favoritas para ese puesto. Está rodeada de hombres que aplauden a su lado: “Si llego a ganar regresaré a mi país, voy a servir de enlace entre los emigrantes y el Gobierno”, dice.

En la baraja de candidatos a la Asamblea también aparecen una periodista que trabaja en Madrid en Radio Ecuatoriana FM, un ingeniero agrónomo que llegó hace diez años a España, una mujer que ha trabajado 12 años en la hostelería y el portavoz de los ecuatorianos afectados por el cierre de la aerolínea Air Madrid.

Pasada la una de la madrugada, cuando en Ecuador eran las seis de la tarde, con los colegios electorales cerrados, aún no se sabía quiénes de estos candidatos tendrán que regresar a Ecuador como diputados.

Nancy entra en el Palacio de Vista Alegre. Ha esperado casi una hora para votar. Lleva a Arnold y a Víctor de la mano, sus dos hijos. “Ellos son españoles, nacieron aquí”, dice mientras avanza en la fila que rodea el Palacio Vista Alegre.

Cuando llegó a Madrid hace 10 años su situación era muy difícil, trabajaba en una casa de familia de interna. “Estaba sola, casi no tenía amigos”, dice un poco apurada.

Luego, al conocer a su actual esposo, otro ecuatoriano, su soledad dejó de mortificarla. Él trabaja en la construcción, pero sufre por la incertidumbre de perder su empleo. Pese al miedo de que su marido ingrese en el paro, ella asegura que seguirá en este país.

El cónsul de Ecuador, Gustavo Mateus, dice que de los 4.100.000 parados que hay en España, más de 50.000 son inmigrantes de su país, que trabajaban en la construcción. Las mujeres también se han visto afectadas por las pérdidas de los empleos en los sectores de servicios, como la hostelería y las empresas de aseo.

Debido a esa crisis, 1.700 inmigrantes de su país, dice el cónsul, se acogieron al Plan Retorno que ofrece el Gobierno español a los extranjeros. El propio Gobierno de Ecuador, a través de las oficinas del inmigrante que creó hace un año, ha ayudado a 50 personas a regresar a su país. Debido al gran número de ecuatorianos en Madrid, ésta es una de las ciudades en las que tienen una de esas sedes.

La inmigración es tan grande que hasta uno de los diarios más importantes de Ecuador tiene una versión semanal con noticias de los residentes en Madrid y Murcia. “Historias a los dos lados del océano”, explica Gabriela Paz y Niño, editora del diario creado hace tres años.

España fue el país donde se empadronaron el mayor número de ecuatorianos para votar. De las 103.374 personas que se inscribieron votaron 39.883. Y en Madrid la cifra fue de 15.000, el 38% de todo el país.

Gladys es otra de las mujeres que llega a votar. Dice que lo hará por Álvaro Correa. “Él ha apoyado a los inmigrantes”. En pocos meses volverá a su país, pero no con el Plan Retorno. “Pues nada, las condiciones que nos ofrecen son injustas y tampoco estoy de acuerdo con que los papeles que conseguí con tanto esfuerzo me los quiten”, dice mientras en su voz se cuelan modismos españoles.

Ella llegó hace 10 años y ya tiene documentos pero regresará porque lleva cuatro meses en el paro. Los trabajos que le han ofrecido son de sueldos de menos de 500 euros por 12 horas de trabajo. “Me pagaban más dinero apenas llegué de empleada doméstica. Durante varios años trabajé de cocinera y me ganaba más de mil euros, pero ahora los empresarios nos quieren explotar”, agrega.

Las historias de los inmigrantes que hacen la fila son similares. Parecen espejos que se miran unos a otros. “Tenemos fritada, encebollado, guatita, tamales”, grita Miriam mientras saca de su maletín cajas de plásticos con los diferentes platos.

Llama a un niño de ocho años, su hijo, y le pide que le traiga una caja para tirar la basura. Tiene el cabello ensortijado y no aparenta más de 35 años. No votará pero en los cientos de sus compatriotas que ayer se acercaron al Palacio Vista Alegre encontró el dinero para sobrevivir con sus hijos durante unos días. Se gana la vida vendiendo almuerzos típicos de Ecuador, de donde salió hace ocho años. Su esposo la dejó sola con tres hijos que mantener. Él, también ecuatoriano, la convenció para que dejaran Guayaquil, donde vivían, y buscaran un futuro mejor en España.

Hace dos años que no sabe nada de él, entonces le toca conseguir para la comida, el alquiler y el sostenimiento de sus hijos. A punta de guisos, tamales, pollo asado y otros platos de su país, se gana la vida. Los vende todos los días frente al Consulado de Ecuador. Son sabores que hacen que sus compatriotas por unos minutos se sientan en casa.

“La vida está dura, pero no me devuelvo”, dice. Toma su maleta, agarra a su hijo de la mano y sale porque se acerca la policía; aunque tiene la residencia es una vendedora informal.

Ayer en las afueras del Palacio no sólo llegaron los votantes. Vendedores de comida, de helados y de películas buscaban a sus clientes. Otras personas, que se buscaban la vida entregaban folletos de microcréditos para ecuatorianos y colombianos (ecuagiros para enviar el dinero a su país de origen) y anuncios de una feria multiproductos.

El metro de Vista Alegre bullía de gente. La gente entraba y salía. De los vagones atestados se bajaban decenas de hombres y mujeres, muchos con niños de la mano. En las aceras, familias enteras almorzaban la comida que acababan de comprar.

Mientras la fila de votantes avanzaba, un grupo de música andina tocaba. La gente, la comida y sus olores, las bebidas, parecía un pedacito de Ecuador en un barrio de Madrid.

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